Si de Olimpia pedían goles, ayer llegaron en toneladas. Si de Olimpia querían fútbol ofensivo, ayer no hubo reclamo alguno: el 5-0 de un campeón atropellador quedará escrito en la historia, ante la mirada de muchas viejas glorias homenajeadas en la previa; y mientras en la bóveda del Nacional se tendrá que conservar en hielo la extravagante chilena de Ramiro la Rata Bruschi, el Albo supo extender su banquete después de aplicar anestesia general al moribundo Real España.
Internado en un frigorífico, ha sido extraña la propuesta del Real España. Jugando el balón en su área, pasándosela entre los defensas y el Palomo y Súper Mario, no aguijoneaban ni al aire.
Olimpia, entonces, no devolvió cortesías y el surco izquierdo empezaba a provocar cortocircuitos en el inexplicablemente nervioso equipo de Mario Zanabria.
De la media hora en adelante, el Blanco abrió la industria y acaparó el balón. Javier Portillo estrelló en el poste de Macías y, acto seguido, una clara falta del central Sergio Bica deshilachó el maltrecho manto españolista, que se fue rompiendo dramáticamente.
Lo de Bica fue penal contra la Rata y, al 38, Reinaldo Tilguath no falló desde el manchón blanco y comenzó la gran fiesta del Más Popular; para colmo de males (la Realeza ocupaba cuatro goles), Edder Delgado miraba la roja directa por falta contra Juan Carlos García, que se iba solo a meta rival.
Al compás del tamborín…
En adelante solamente hubo un equipo en la cancha, por más que el Palomo quiso asustar a Donis Escober con un tiro libre en el descuento. Insignificante, triste y con la cara roja de la vergüenza, Real España se entregó a su desgracia, levantó los brazos y se sintió impotente, fuera de sí, inútil.
Y la banda olimpista seguía el bombardeo. Al 46, JC García madruga al mundo y la Rata Bruschi le gana la espalda al abultadamente desorbitado Colón para ceder en bandeja de plata el 2-0 a Juan Ramón Mejía, el cipote-goleador que, luego, dio paso a Roger Rojas, que entró con espuma en la boca para morder al enemigo…
Esa joyita, hermano…
Pero antes de que el Rojitas desatara su furia, el tiempo dio la impresión de haberse congelado al minuto 49. El Chino Tilguath, movedizo, seguro en los pases al espacio, caudillo de este Olimpia de Tosello, encontró nuevamente la despoblada espalda de Colón y la Rata Bruschi autorizó a la historia para recordarlo por esa obra de arte: chilena perfecta, pincelada de oro y el estadio de pie aplaudiendo la cereza en el pastel.
Todo confluyó para que el Mundo Blanco se sintiera plenamente enamorado de una tarde redondísima…
Claro, el León tenía dos cartuchos guardados para la recta final. Al 58, una escuela de contragolpe que inició el Chino, siguió Carlos Will y terminó el goleador del barrio Betania, declaró médicamente muerto al Real España. Una lágrima.
Igual, llegó uno más.
Al 80, cuando un tiro libre cobrado por Irvin Reina fue vomitado por Marcelo Macías y mandado al fondo de la red por el Rojitas. Con el mejor juez de todos, los históricos olimpistas en la grada, el equipo de Danilo Tosello rompió el molde y metió manita rumbo a la 24 en pleno centenario…
Via: elheraldo.hn